Peor decadencia en espíritu no podía experimentar. Mi fe en los humanos se ha transformado. El fin de la inocencia, mi fin de un mundo donde la amistad era lo exaltable, algo parecido a lo sublime, por encima de deseos carnales, de egocentrismos, de diferencias abismales, se erigía siempre ante mis ojos como un campo fértil y abundante en flores, cada una representada por personas entrañables a mi ser, seres que han trastocado mi psique, que han dejado huella. Si debiese creer en organismos vivientes, pues quizá creería en los perros, o en los gatos, o en mi plantita Valerie y Antonia, aunque ellas creo no califican debido a su alta demanda egocéntrica con exigencias de agua cada tercer día, cantos ñoños y sus medias sombras. Es el fin de algo y no sé de qué, se rompió, se jodió y sólo soy capaz de observarlo desde una tercera persona. Me observo a mí misma ahora escribiendo entre un amontonadero de libros y algo de desorden, yo en mi futón rojo estoy y soy incapaz de articular la vaciedad que me reproduce una decepción amistosa y ¿duele? no lo sabría decir, es como un intermedio entre dolor y goce, y no es masoquismo, es un inter-vacuo-tibio-mediocre que experimento, al menos eso parece desde donde estoy viéndome.
Estoy cansada es la única certeza, es un cansancio del alma, es una crisis de esas que me provocan escribir, o es que quizá ha sido al contrario y escribir me ha producido esta crisis. Soy una de tantas generaciones de la crisis, a mís papás les tocó la crisis de López Portillo y la devaluación del peso. Supe desde niña que la crisis era parte de los bolsillos, era un estado de desánimo y de descrédito hacia las figuras políticas. Nadie creía en las palabras de un presidente que lloraba y que nos repetía que defendería el peso como un perro. En la primaria luego, sentí otra crisis, la del fin del mundo, la de Chernobyl, la del posible e inevitable desprendimiento de la Baja California del resto de América para entonces convertirse de manera catastrófica y cobrando muchísimas vidas -incluídas en primer lugar la de mis tíos de Ensenada que vivían y viven aun tan cerca del mar- en una isla. Crecí sabiendo que ni podíamos confiar siquiera en la naturaleza, que ésta tiene sus revanchas personales. Después vino la crisis del salinato, y es que me volvieron a dar atole con el dedo, y creí en la solidaridad que tan bonito cantaba Lucía Mendez y Juan Gabriel y Pandora, hasta que llegó el Sub Comandante Marcos y con su EZLN lo jodió todo. Pero entonces yo me refugiaba en libros hermosos de juventud universitaria en una carrera "distinguida" y "privilegiada" (al menos eso nos hacían creer los cinco mismo profes que nos daban clase en una pequeña burbuja cancerosa como la Escuela de Humanidades, con todo respeto pero luego en otro post aclaro lo que quiero decir con esto, que no se piense que no admiro a bastantes profes y egresado de dicha institución) como Lengua y Literatura de Hispanoamérica, y también me refugiaba en el opio exquisitamente maquiavélico de un grupo juvenil religioso. Ese grupo éramos como Boy Scouts, pero más moralinos, sexualmente reprimidos y retorcidos, por lo demás, hacíamos lo mismo: campamentos, venta de galletas, pasteles, tamales, fiestas, servicio a la comunidad, y el plus es que en estos grupos te sientes moralmente superior (extraño esa sensación).
Estos paleativos a la crisis reventaron tarde o temprano, dieron de si, y a la distancia se transfiguraron uno, el hábito de la lectura, en una gloria y refugio seguro (a veces casi como el del vientre de mamá), y el otro, el del grupo religiosete, en un cuadro sobe el cual llovió mierda y se disfiguró todo en cosas diabólicas, y mensajes ocultos de discos de Gloria Trevi puestos al revés con Sergios Andrades disfrazados ahora de profes exitosos y padres de familia.
Después hubieron muchas más crisis, cada vez más existenciales, hasta que llegaron unas a nivel medular, casi de DNA donde tuve que arreglar cuentas con mamá (ah, el vientre, el único refugio seguro que he conocido). Después llegaron otras a nivel sexual, donde conocí que era capaz de enamorarme de una mujer, pero esa no fue una crisis particularmente dolorosa, pero crisis al final de cuentas. Luego conocí las crisis intelectuales que en un ensayo, que en una tesina, que en solicitudes, que en proyectos, que en lecturas críticas que me abrieron el cerebro, sólo pa' quedar 'descomponido'.
Y ahora con esto de Occupy, de las casitas de campaña, del peper spray tan famoso, donde por cierto, pausa-digresión, salgo en tan afamado video, de espalda y de perfil, ahí, inmutada, seria, en total descreimiento de lo que presencié ¿Fue verdad? Si Braudillard, I was there! y estuve porque me veo en un video! Fue verdad. Es verdad. Es una lamentable verdad. Todo es real. Aunque esto haya parecido parte de un zapping, no lo es. Y entonces me re cuestioné hasta mis metodologías de enseñaza, qué enseño cuando enseño lengua, qué responsabilidad tengo en el juego de perpetuar comportamientos automatizados que se esperan de un estudiante y de un profesor.
Y ha sido duro, hago mi parte, yo sé, yo sé que a largo plazo, un estudiante no sólo me rayará la madre pensando que soy una irresponsable por no pasar lista y no hacer "quizzes" y no dejarles tarea como niños de kinder, sé también que un estudiante me agradecerá y entenderá que lo mío es estrictamente planeado, todo mi performance es estructurado, quiero incomodar los hábitos absurdos de una clase de lengua, quiero que sepan que hay muchas formas de enseñar, y de aprender. Aprender no necesariamente significa repetir de memoria, masterizar un formato MLA, practicar una disciplina constante de entrega de cuestionarios porque luego esta ecuación deviene en un futuro escupir que tu proyecto de tesis es el non-plus-ultra que ayuda en la revolución del mundo (mis-we-bos-con-esas-actitudes). Es que ¿puede haber más arrogancia que la de un estudiante de doctorado que piensa que va a revolucionar al mundo con su proyecto? Para mi asombro, y enmudecimiento, así como la del video donde aparezco del peper spray: SI. Aun van más lejos, y piensan que no sólo revolucionan y transforman y transgreden el sistema entero en el que vivimos, sino que sienten que son los únicos, o los primeros. Triste.
Mi vida ha estado llena de crisis como verán, y me he saltado algunas aunque siempre repito las mismas, como disco rayado (por eso omito la de e) y por la que atraviezo creanme es amarga, pero como buena catadora de crisis que soy, esta tiene la nota de amargura, como café negro de por Africa (es que no me gustan los de por ahí y no es racismo, eh), sin azúcar, sin leche. O sea, te lo tomas y sientes ese sabor fuerte, pero tomas cafés, y este es parte de uno, y bueno, pasará, una variedad más.
Amistad, ositos en la nieve, un amigo es un tesoro, nunca cambies, cuenta conmigo, todo, todo se va al carajo. Ciclos en la vida, personas que entran y salen, tambien eso se va a la mierda. Estoy yo. Siempre estaré yo. Hasta el último suspiro en esta inmunda vida, yo.